Ya están aquí. Carlos y Nayra, Chip y Chop ya están en casa, haciendo de las suyas y demostrando todo lo que son capaces de hacer, jeje. Como os podréis figurar, el tiempo da para más bien nada, y prometí que os contaría cómo ha sido la experiencia del parto. Aviso a navegantes: puede resultar algo impresionante por lo que, si eres muy sensible, a lo mejor prefieres obviar seguir leyendo el resto.
Chip y Chop llegaron el 8 de febrero de madrugada con 38+5 de gestación tras un parto complicado y que, analizándolo ahora con algo de distancia, fue más duro de lo que pensaba que sería y que me pintaron en su momento. Tras una consulta de rutina, el ginecólogo consideró importante la inducción al día siguiente, ya que mi cuello del útero aún no estaba lo suficientemente acortado y a los niños les quedaba poco líquido amniótico. Obviaré los detalles sobre el hospital para un próximo post, ya que merece atención aparte.
| Chip a la izquierda, y Chop a la derecha |
Me ingresaron para colocarme unas tiras de prostaglandinas, lo que muchas conoceréis como "el tampax", para conseguir un ablandamiento del cuello y así después poder ponerme oxitocina y comenzar el parto tras 24 horas.Esas horas fueron realmente largas y desesperantes. Llegó el momento de la oxitocina y quedarse inmovilizada en una cama con los goteros y los dichosos monitores. ¡Qué manía le he cogido a los monitores, oye! en apenas unas horas llegaban las contracciones y el cuerpo me pedía caminar, agacharme, ¡moverme! pero nada, tenía que estar en la cama sí o sí. Con casi 5 cm pedí la bendita epidural que actuó inmediatamente haciendo mucho más llevadera la espera. Cada hora entraba gente en el paritorio a controlar tensión, goteros, temperatura, dilatación... Y llegaron las 21:30, tras dos días en cama sin moverme y sin dormir, y con 9 cm ya dilatados. ¡Qué poco quedaba! Pero Chip no bajaba al canal del parto y no se encajaba, por lo que me sugirieron ir ensayando los pujos mientras llegaba el último centímetro, o cesárea. Y allí comencé a pujar. Las 00:30, yo seguía pujando en cada contracción que cada vez era más intensa, hasta que el equipo médico me dijo que ya estaba preparada. ¡Vamos al quirófano!
Momento quirófano
A mi marido le dijeron que esperara y enseguida vendrían a por él. Mientras, ya en el quirófano, más monitores, y un sinfín de gente con mascarillas que entraba y salía, se presentaban, me pinchaban "cosas", y... ¡oh, sorpresa! Chip se había girado mirando hacia arriba y traía una vuelta de cordón. Los ginecólogos pensaban soluciones, pero nada, ¡a pujar! Lo giraron con fórceps, y en 4 ó 5 pujos estaba fuera, con 2.634 g y 48 cm. Es curioso, pero hasta en estos momentos críticos tuve sentido del humor y hasta me permitía ciertas bromas. Quien bien me conoce sabe que es mi peculiar forma de soltar adrenalina y aguantar el dolor... El dolor porque el gotero se atascó y no pasaba bien ni la epidural ni la oxitocina para seguir provocando las contracciones y traer al mundo a Chop, por lo que todo el mundo se agilizó para ponerme otra vía y enganchar los goteros por otro lado, subiendo las dosis al máximo.
Y llegó el turno de Chop, en la parte de arriba del útero. ¿Y cómo la bajamos hasta el canal del parto? ¡Empujando desde fuera y tirando de ella por dentro! ¿Maniobra de Kristeller? De esto hablaré en otro post. "Son los pies... no, tengo las manos... espera... ¡ya!"... Exactamente igual que los reportajes de veterinarios cuando ponen un parto de un ternero. 25 minutos de empujones sobre mi barriga, manipulación interna, espátulas... Y el cuello del útero cerrándose. Vamos, como Indiana Jones cuando le persigue la bola de piedra al salir del Templo Maldito. O salía, o salía. Y así fue... No había marcha atrás ni, no sé por qué, otra opción menos sufrida, peligrosa y dolorosa. Hasta que salió Chop, con sus 2.650 g y 50 cm.
Ya estaban aquí, y a mi marido nunca le fueron a buscar. El momento de verlos no me emocionó como esperaba, sino que me derrumbé de agotamiento. Comencé a delirar, y aún quedaba sacar las placentas. ¡El próximo que me apriete la barriga se las tendrá que ver conmigo! En ese momento, tras una hora de incertidumbre, llegó mi marido, y fue cuando le vi cuando comencé a llorar sin parar, ajena a todo, en otro mundo, una burbuja de silencio. Mientras veía a esos "hombres y mujeres de verde" pincharme de todo y oía "el útero se deshace" (no se contraía)... Nuevo subidón de oxitocina, y asunto resuelto. Ya me podía ir a la habitación con Chip y Chop en mis brazos, exhausta, confundida, más agotada que emocionada, viviendo más en un sueño extraño que en la realidad.
Tengo muchas cosas que contaros, detalles, sensaciones... Pero el tiempo es más que oro ahora, y poco a poco iré retomando el rumbo de este blog para seguir compartiendo
experiencias.
Gracias a todos los que nos habéis estado apoyando, y pendientes a cada momento de lo que estaba pasando. Ahora, a disfrutar de la recompensa.