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jueves, 3 de julio de 2014

El recuerdo imborrable de ti

Estos días me doy cuenta de que hay muchos detalles del embarazo y parto de Chip y Chop que se me están olvidando y es que la memoria es selectiva y al final esboza un borrador de los acontecimientos quedándose con los cuatro conceptos básicos que, entiendo, son los que más te han marcado emocionalmente. Pero hay tantos aspectos que no me gustaría olvidar que  me esfuerzo continuamente en hacer repasos mentales a cada momento vivido tratando de interiorizar cada segundo y cada detalle... como aquellos osados movimientos en la tripa, y el olor a vida templada cuando te parí y que aún sigo percibiendo cuando te beso, la suavidad de la planta de tus pies, el remolino juguetón de tu pelo rubio, tu sonrisa pícara y el tierno puchero, el hipnótico sonido de tu respiración cuando duermes y te observo abstraida (pasaría horas así), las manitas pequeñas cogiéndose entre vosotros mientras coméis y tu mirada limpia cuando me miras con inocencia y tanta pureza; tus orejitas de terciopelo y la boquita de piñón; y la música de tu risa, esa armonía de las pequeñas carcajadas que aprendes cuando jugamos a que te dejes dar mil besos mientras te aprieto contra mi pecho para que no te vayas nunca; y no me quiero olvidar del tacto de tu espalda y las roscas de tus piernas gorditas, ni de tu tímido hoyuelo en la mejilla derecha como papá. Y quiero recordar también tus pies apoyados en la barra del coche de paseo, contemplando el mundo, ni de tu forma de morderte el labio de abajo, o de colocarte serena de lado para dormir mientras papá te mima, ni esas patadas graciosas y espontáneas para destaparte a toda costa. Y ojalá no olvide nunca el botón de tu nariz ni la alegría de chapotear en la bañera como el más emocionante de los momentos, ni esas primeras caricias involuntarias investigando mi cara, ni la luz de tu alegría al oírme cantar la canción del barquito o tu cara de paz con el arrorró. Ni cuando cogiste los juguetes por primera vez o aprendiste a girar en la cuna y levantabas la cabeza torpemente esforzándote por crecer; y esas pedorretas simpáticas que te salen al intentar hablar, ni el calor de tu cuerpo cuando te duermes en mi regazo sin miedo. Por favor, que no me olvide nunca de tu cálido olor a nuevo y, tú, ojalá puedas recordar algo de esto cuando seas mayor y no te olvides de que te quiero. De que os quiero.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Embarazada de emociones

Que durante el embarazo las mujeres sufrimos un vaivén continuo de emociones no es nada nuevo. Pero, sinceramente, de momento (y son ya 30 semanas) no me siento identificada con la mayoría de las opiniones y comentarios que leo o que recibo sobre este asunto.

No sé si tendré las hormonas bien ataditas y controladas, o que mi "karma" está muy en su sitio, pero ni siento esa euforia que algunas dicen sentir y que las películas se empeñan en hacernos creer que son parte de la vida normal, ni tengo ansiedad, ni desasosiego, ni nada por el estilo que se salga de mis parámetros de antes del embarazo. Desde que me enteré de la buena nueva me siento tranquila y en paz, y así deseo seguir. No puedo negar que a veces tengo bajones y algunos miedos, pero son esporádicos (o yo los siento así) y vienen más producidos por cuestiones prácticas y económicas que por el embarazo en sí.

Espinete y Don Pimpón
Leo algunos artículos sobre emociones y embarazo, sobre psicología durante la gestación y el postparto, la vuelta a casa y lo que te cambia la vida, cómo cambian los roles de la mujer (sigues siendo hija, hermana, amiga, pareja... pero ahora, además, eres madre. Y deberás ser también psicóloga y muchos esperarán a una superwoman). Y he de reconocer que me siento incapaz de asumir tanta información sencillamente porque no la identifico y no la asumo. ¡Aún me cuesta creer que llevo dos personitas en mi barriga! Siento sus movimientos a diario, me veo cada vez más parecida a Don Pimpón (pero sin tirantes ni gorro de paja), me cuesta dormir... pero en lo más profundo de mí no soy capaz de asimilar o entender qué pasa. Algunas amigas me preguntan qué siento sabiendo que estoy creando dos vidas y no voy a ser hipócrita. Todo el mundo espera que digas ¡cuánta felicidad! ¡Qué alegría! ¡Sí, mucha ilusión! ¡Qué nervios! Y no es del todo así... de momento. ¿Que estoy contenta? Pues claro. ¿Que es una maravilla el misterio de la vida? Evidentemente. ¿Que es emocionante verles en las ecografías y escuchar sus corazones? Sin duda. Pero no es ese sentimiento de caminar sobre un arcoiris derrochando purpurina por tus poros. Suelo poner un ejemplo para definir mis sensaciones: es como cuando te dicen algo así como "el universo está compuesto por millones de millones de galaxias que a su vez están formadas por cien mil trillones de estrellas", o "tal estrella está a 23 mil años luz de la tierra...". Tu mente recoge el concepto y entiende que es un dato equivalente a "muchísimo", pero es imposible comprender al 100% la magnitud de lo que te están explicando. No puedes asimilarlo, te desborda, te supera. Pues así me siento yo. 

Ahora mismo me siento perfectamente preparada para tirar del carro, con la que se avecina. A lo mejor es un espejismo que mi mente está construyendo y que luego chocará con la realidad, igual son expectativas que luego se desmoronarán como un castillo de naipes... Sinceramente, no lo sé. Sólo sé que me encuentro en paz para afrontar esta nueva etapa de mi vida y que presumo que será maravillosa.