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miércoles, 25 de febrero de 2015

¡Buenas noticias! Hierro y falta de sueño

No puedo decir que haya dejado de lado el blog, sino más bien que el tiempo me ha dado esquinazo a mí. De todas formas, aquí vuelvo con muchas cosas que contar. 

Ha pasado ya un año desde que Chip y Chop llegaron a este mundo y, a decir, verdad, estoy algo más estresada ahora que al principio. Cada vez necesitan más atención y mami no hay más que una. De todas formas, cada día está lleno de aventuras, aprendizajes, sonrisas, llantos y... hasta hace dos días, insomnio. Un año entero sin dormir dos horas seguidas destroza los nervios de cualquiera. Pues bien, parece, y repito con mayúsculas, PARECE que esta racha está empezando a tocar a su fin. ¡Creo que hemos descubierto la clave! El hierro.

Hace unos meses os hablaba en este artículo de los problemas que estábamos teniendo con el sueño de la niña, que era incapaz de dormir 2 horas seguidas, no digamos ya una noche entera. Imposible que se durmiera sola, todo eran llantos, desespero, y el consiguiente cabreo noche tras noche. Con mucho esfuerzo y aplicando la técnica de no dejarla llorar sino insistir en dejarla en la cuna cuando se estuviera quedando dormida, hemos conseguido que se duerma sola, sin necesidad de acunar y sin lloros desproporcionados. Ahora después de cenar unos mimitos, dos besitos, y se queda tranquila en la cuna hasta que se duerme. 

Hasta aquí todo bien, un logro que nos ha llevado meses y meses de paciencia y, por qué no decirlo un "poquito" de estrés. El asunto es que a la hora y media o dos horas, como mucho, se despertaba llorando desesperada, como si fuera el fin del mundo. Se arqueaba, gritaba... ¿le pasará algo? Solo se calmaba durmiendo conmigo. Pues a la cama con mamá, pero al rato, más de lo mismo. Esta situación no podía seguir así, tooodos los días la misma película, daba igual lo que hiciéramos. 

Un día me comentaron en la guardería que había otros mellizos a los que les pasaba lo mismo y que les hicieron un estudio del sueño del cual dedujeron que ¡tenían falta de hierro! Al parecer, según publicaban en Pulevasalud, "la falta de hierro impulsa al sistema nervioso central a enviar señales confusas a brazos y piernas. Esto se debe a que la carencia de este mineral provoca problemas en la producción de dopamina, una sustancia química que transmite mensajes al cerebro y al sistema nervioso central", ha explicado Salvador Giménez, médico de atención primaria de Barcelona.
Sobre los niños, el doctor comentaba que "debido al desconocimiento de este desorden y su vinculación con el déficit de hierro, muchos pediatras o padres piensan que se trata de niños hiperactivos, rebeldes o dispersos, cuando en realidad puede tratarse de una alteración neurológica provocada por la carencia de este mineral". Durante los primeros meses, los bebés tienen acumulado el hierro que procedía de la placenta, pero el desgaste del crecimiento es muy elevado y la lactancia no es capaz de aportar este mineral que sí llega con la alimentaicón complementaria aunque, a veces, en cantidades insuficientes.

Lo comenté con la pediatra y decidimos apostar por darle este suplemento a la niña y esperar resultados. ¡TACHÁN! 10 días después durmió su primera noche del tirón. De momento llevamos solo dos, ¡pero esto tiene muy buena pinta! Buscando información sobre este tema en internet, he leído en algunos foros a madres que explicaban lo mismo que yo, además de la pérdida de peso que estaba teniendo la niña aun comiendo perfectamente. 

Esperemos que siga esta buena racha y que pueda confirmaros al 100% que se ha resuelto el problema del insomnio. Dentro de unos días tenemos revisión con la pediatra para comprobar la ganancia de peso y si hemos conseguido estabilizar las noches. 

¡Buenas noticias! Espero que este artículo sirva de ayuda a algunas familias que estén en la misma situación que yo. ¿Conocéis algún caso similar?

miércoles, 26 de noviembre de 2014

La canastilla de mis ojos

Uno de los quebraderos de cabeza que supone el embarazo en general y el gemelar por partida doble, es qué demonios llevarnos al hospital. Gisela me preguntaba por mi experiencia y aquí os la cuento por si sirve de ayuda.
Honestamente, fue algo que no me importó mucho, salvo por una ligera obsesión con el tema de la ropa interior. Honestamente, creo que para la canastilla menos es más, es decir, que llevemos lo básico e imprescindible. Tiene tambien mucho que ver con nuestro carácter, si somos más perfeccionistas o prácticas. Yo me incluyo en el segundo grupo y aunque llevé un poquito de maquillaje y ungüentos varios, al final no los usé.
En mi caso di a luz en un hospital público y apenas necesité cuatro cosas contadas. Os haré una lista de lo que llevé y lo que no sirvió de nada.
- 3 bodis y dos pijamas por niño: error. En el hospital nos daban bodis y hacía mucho calor para pijamas. Pero claro, si te encanta tener a los niños impecables a cada momento, eso ya es otra cuestión. Pero te pasas el día cambiando pañales, con las enfermeras haciendo pruebas y poniendo y quitando ropa, por lo que espreferible ahorrarse trabajo. 
- La puesta de calle: esto sí. Yo en mi caso llevé dos peleles gorditos porque nacieron en febrero y nos dieron el alta por la noche!
- Pañales y toallitas: te dan todo lo necsario y para que te lleves a casa. No cargues innecesariamente.
- Colonias, peines y cremas: acaban de nacer, disfruta de su olor a vida y su piel nueva.
- Gorros, manoplas y calcetines: llévate al menos un par de cada. Esto sí que fue útil. Las manoplas se caen cada minutos, pero es cierto que los niños se arañan la cara constantemente y las manoplas les ayudan a protegerse. Los gorritos son básicos, recién nacidos deben guardar bien el calor de las cabecitas, y los calcetines porque los pies se enfrían rápido.
- Camisón y bata: pues según seas de coqueta y práctica. Yo llevé uno que nunca usé porque estaba medio día desnuda con el ginecólogo, enfermeras, matrona... en el hospital te dan el clásico camisón abierto, pero es muy práctico a la par que espantoso, y como se mancha bastante, pues mira, te lo van cambiando. En mi caso no salí de la habitación, pero si lo vas a hacer, quizá la bata sea buena opción.
- Zapatillas cómodas: imprescindibles. Y anchas. Yo llevé Crocs y estaba tan hinchada que no podia ponérmelos.
- Neceser: allí no dan jabones, así que lleva lo básico para darte una ducha. No tendrás tiempo de mucho más.
- Ropa interior: yo opté por comprar un pack de bragas grandes de algodón, baratas para casi usar y tirar. Las desechables eran un espanto, y las de algodón te salen hasta más baratas.
- Ropa para salir del hospital: yo usé la misma con la que entré. Eso sí, los pantalones iban bien holgaditos.
-  Cojín de lactancia: si vas a optar por lactancia materna y tienes cojín de lactancia, te vendrá de maravilla. Yo no me lo llevé y estuve esos días de ñapas con toallas, sábanas y ayuda de las enfermeras para darme un buen soporte para Chip y Chop, porque quise darles pecho a la vez desde el principio, y fue un gran acierto. No es tan complicado, solo requiere de un poquito de ayuda para colocarlos al principio y vigilar su posición de succión. Este tema da para mucho, y seguro que en breve escribiré algo más sobre ello. 

¡Y creo que ya está! Al fin y al cabo van a ser pocos días y mucho jaleo. Cuanto menos historias cargues, menos tendrás que recoger, ¡y tu pareja también! Cuenta  con que te llegarán regalos, flores, dos bebés... y luego hay que llevarlo todo a casa. :)

En resumen, no hagas por complicarte la vida, ¡sé práctica!

¿Cuál fue vuestra experiencia?

viernes, 31 de octubre de 2014

Entre cólicos y dientes

Que me cuenten lo que quieran, pero no puede ser que cada vez que los niños lloran un poquito de más sea por dos motivos: hasta los 3 meses, los cólicos. Y desde entonces, los dientes. 

Vamos a ver... ¿es posible que les duelan los dientes durante 5 meses? Pues yo lo dudo mucho. Habrán tenido algún día, no te digo que no, pero eso de que cada vez que chupan algún juguete es "porque están con los dientes"... no sé yo. Y lo mismo pasa con los cólicos, en los que no creo, por cierto. 

Este, por la edad está aún con los cólicos
Leí recientemente un artículo de Mi Pediatra Online acerca de este tema, precisamente, y estoy completamente de acuerdo con él. Estoy convencida de que simplemente se trata de un conjunto de incomodidades que tiene el lactante recién "estrenado" en este mundo y que no sabemos identificar y atender en el orden e importancia que requiere, así que lo "fácil" es decir que son cólicos, achacarlo todo a dolores de tripa y a pasar el calvario como mejor se pueda. Lo cierto es que es complejo atinar con qué necesita el bebé en ese preciso instante en el que llora desesperado y nada de lo que hagamos le calma. ¿Frío, afecto, hambre otra vez -sí, otra vez-, pañal -sí, otra vez-, calor, ruido? Yo cada día tengo más claro que esos episodios de llanto inexplicable eran "simplemente" necesidades mal atendidas. 

Por otro lado, una vez que han pasado los terribles cólicos, entramos en la época de "uyyy... este niño está con los dientes". Unas cuantas babas de más y unos mordiscos a cualquier objeto que pase por sus manos son indicio claro e inequívoco -da igual la edad- de que le van a salir los dientes de forma inminente. Y nosotros llevamos así más de 4 meses, esperando los dientecitos que no quieren brotar, según la sabiduría popular. :)  Yo no soy pediatra, ni psicóloga infantil, ni experta en nada, pero entiendo que los bebés, en sus fases de descubrimiento tienen esta etapa oral en la que todo tiene que pasar por la boca, pero no porque le duelan necesariamente las encías.

A los que estáis con bebés por debajo del año, ¿en qué fase os encontráis? ¿Cólicos o dientes? Y a los que tenéis más experiencia, ¿os ha pasado lo mismo?

martes, 28 de octubre de 2014

Estrés: gemelar, personal, físico, y emocional

Podría empezar el artículo con la canción esa de "cómo han pasado los años...", porque hace un siglo que no escribo por aquí. No pensé que me desinflaría tan pronto en el mundo bloguero pero, sinceramente, no doy más de mí. 

En todo este tiempo me he acordado infinitamente de aquel post que escribió Ana de Cuando Pares a Pares hablando sobre el estrés gemelar. Así es como me siento. Puro estrés. Me encontraba mucho más despierta y funcional recién parida y pensaba que si esa era la peor parte, el resto lo tenía chupao. 

Pero claro, las emociones saltan a la palestra cuando menos te lo esperas. Esto no es llegar y besar el santo: tal me sucede, tal cual reacciono, no. La emoción pura llega cuando menos te lo esperas y, en mi caso, está llegando ahora, alimentada muy vívamente por el cansancio físico. Chip y Chop cada vez necesitan más atención pero no siempre puedo dársela como creo que merecen o necesitan. En general no me puedo quejar, son muy buenos y juegan solitos y tranquilos los dos juntos en el parque, pero hay veces que me reclaman y no alcanzo a todo, ni a todos. Muy pocos entienden -de verdad- que cada niño es un mundo, y que no por ser mellizos y haber nacido al tiempo tienen las mismas necesidades, ni los mismos horarios, ni el mismo carácter.

Una de las cuestiones que generan este horrible estrés es abarcar demasiado. Me identifico  mucho con el post de Ana, en el que dice que siempre ha sido muy vital, como yo. Creo que soy una persona fuerte y con paciencia y coraje suficiente para tirar del carro lo que sea necesario, pero últimamente me fallan las fuerzas, y me falla la cabeza, y estoy despistada y lenta. Y eso me preocupa. 

Muchos me recuerdan constantemente lo de "que el mucho abarca, poco aprieta", y yo me empeño cabezona en seguir haciendo esfuerzos que no sé ahora si realmente van a compensar o estoy perdiendo el tiempo. Ahora estoy dedicando tiempo a la famosa "reinserción laboral", y a la no menos popular "conciliación laboral y familiar", y trabajo desde casa para varios proyectos que me permitan sacar la cabeza y desahogar el panorama en casa. Pero noto que se me gastan las pilas y todo se me hace cuesta arriba, y yo erre que erre. Me he dado un margen hasta final de año para tomar decisiones, pero no sé si lograré cumplir este objetivo. 

Necesito descansar. Solo un poquito, y sé que veré las cosas de otra forma. No quiero dejar de intentar estar en el mercado laboral, no quiero dejar el blog, no quiero dejar de jugar con Chip y Chop, no quiero dejar la lactancia, no quiero prescindir de mi familia, no quiero distanciarme de mi pareja. Y tengo miedo. 

Pero no me voy a rendir, y sé que todo saldrá adelante, como viene pasando todo este tiempo. Siempre hay un respiro, un nuevo paso que dar, y una sonrisa para continuar. 

martes, 19 de agosto de 2014

No soy una súper mamá

No, no soy una súper mamá. Ni una súper mujer. Ni una súper hija ni una súper amiga, ni siquiera una súper pareja. No me pinto los labios a dirario, ni tengo unas pestañas espesas, largas y curvadas, tengo celulitis, el pecho demasiado grande debido a la lactancia, la tripa flácida, no tengo la tez de terciopelo y no uso BB Cream ni maquillaje. Alguna vez me salen espinillas, llevo un piercing en la nariz, tengo alguna mancha en la cara y no me hago la manicura francesa. No suelo pintarme las uñas de los pies ni usar tacones o minifaldas y, lo confieso, tampoco voy excelentemente depilada siempre. 
A veces tengo mal carácter, pierdo los nervios o no me apetece sonreír todo el tiempo. Muchas veces, aunque no lo creáis, tampoco tengo nada que decir. Además, lloro con frecuencia. Y me cuesta concentrarme a la hora de leer un libro. 

No siempre atiendo a Chip y Chop a la primera y los dejo llorar un rato, hay días en los que no me apetece dar besos y, otros, improviso la comida. No llamo a mis amigos con frecuencia y en ocasiones ignoro el whatsapp. Me preocupo en exceso por el trabajo (el poco que tengo y el que debería llegar) y me gusta tener la razón. 

Imagen del blog de La Mirada de Casiopea
No, no soy una súper mamá, ni una súper mujer. No llevo a los bebés vestidos de punta en blanco, no les pongo colonia a diario y no plancho la ropa. De hecho, cuando me hago una foto con ellos no aparece difuminada ni con resplandor. Porque no, no soy una súper mujer de esas que nos dicen que debemos ser. Las mejores esposas y amantes, las mejores y más divertidas amigas y confidentes, delgadas, esbeltas, que cuidan su línea y su tránsito intestinal con cereales y yogures, que jamás envejecerán ni tendrán las caderas anchas, ni canas o arrugas, que aprovechan las rebajas y siempre van a la última y hacen la compra diaria en el mercado. De esas mujeres sofisticadas que triunfan en su trabajo (que tampoco les falta), que organizan su vida con agendas y precisión, que visten impecablemente un traje con zapatos de salón y un precioso maletín con el portátil o, mejor, con el IPad. De esas que llegan a casa y hacen una cena ligera y a tiempo para todos, y que acuestan a sus bebés con un suave besito y se quedan a charlar con su pareja en el sofá mientras beben plácidamente una copa de un buen vino y escuchan jazz. Y hacen barbacoas los fines de semana.

No, yo no soy de esas, por mucho que pretendan que lo sea. Me dedico a mis hijos con todo el amor del mundo, con toda la paciencia que puedo, con toda la atención que creo necesaria. Y procuro ser amable y cariñosa, divertida y sonriente aunque no todos los días lo consiga y aunque el cansancio me ponga un dedito en la cabeza y me aplaste como un muñeco de plastilina. Intento pasear a diario a pesar de los dolores de espalda y la falta de tiempo y respirar aire puro y centrarme en el paisaje, en el olor a paja mojada por la tormenta, y a pino, y a vaca. Me esfuerzo por seguir presente en el mundo laboral, por encontrar rendijas para progresar, por aportar a la economía familiar. Y lucho por entender todos los cambios y adaptarme al día a día, la mayoría de las veces con todo éxito pero, otras muchas, con gran tesón y contando hasta 10. 

Así que siento mucho la decepción, pero no, no soy una súper mujer, ni una súper mamá, ni siquiera súper hija o súper amiga. Soy una simple mujer adaptándose a una nueva vida llena de altibajos que, por fortuna, enriquecen el maravilloso proceso de la vida.

lunes, 7 de julio de 2014

La música que amansa a las fieras

Que la música amansa a las fieras es algo más que un dicho popular. Durante el embarazo me empeñé en cantarles a diario a Chip y Chop la misma canción y así hacer un experimento de campo y comprobar si la reconocerían cuando nacieran. Elegí el Barquito de cáscara de nuez de Miliki, y así os lo contaba en esta entrada. 
Pues bien, unos meses después puedo confirmar que funciona. Aparte de reírse cuando les canto, ayer hubo un terrible episodio de llantos y gritos a dúo sin explicación alguna, in crescendo y sin consuelo. Y en el fragor de la batalla me puse a cantar la canción de marras que provocó un completo silencio y alguna sonrisa que parecía una broma después de la que había montada en casa.
Imagen de filomusica.com
Así que puedo concluir que cantarles una canción desde que están en la tripa es sembrar para el futuro y asegurarse una herramienta de paz en caso de emergencia. Eso sí, para dormirles no funciona porque se ríen, para eso tengo otros recursos igualmente infalibles que os contaré en breve.
 

jueves, 3 de julio de 2014

El recuerdo imborrable de ti

Estos días me doy cuenta de que hay muchos detalles del embarazo y parto de Chip y Chop que se me están olvidando y es que la memoria es selectiva y al final esboza un borrador de los acontecimientos quedándose con los cuatro conceptos básicos que, entiendo, son los que más te han marcado emocionalmente. Pero hay tantos aspectos que no me gustaría olvidar que  me esfuerzo continuamente en hacer repasos mentales a cada momento vivido tratando de interiorizar cada segundo y cada detalle... como aquellos osados movimientos en la tripa, y el olor a vida templada cuando te parí y que aún sigo percibiendo cuando te beso, la suavidad de la planta de tus pies, el remolino juguetón de tu pelo rubio, tu sonrisa pícara y el tierno puchero, el hipnótico sonido de tu respiración cuando duermes y te observo abstraida (pasaría horas así), las manitas pequeñas cogiéndose entre vosotros mientras coméis y tu mirada limpia cuando me miras con inocencia y tanta pureza; tus orejitas de terciopelo y la boquita de piñón; y la música de tu risa, esa armonía de las pequeñas carcajadas que aprendes cuando jugamos a que te dejes dar mil besos mientras te aprieto contra mi pecho para que no te vayas nunca; y no me quiero olvidar del tacto de tu espalda y las roscas de tus piernas gorditas, ni de tu tímido hoyuelo en la mejilla derecha como papá. Y quiero recordar también tus pies apoyados en la barra del coche de paseo, contemplando el mundo, ni de tu forma de morderte el labio de abajo, o de colocarte serena de lado para dormir mientras papá te mima, ni esas patadas graciosas y espontáneas para destaparte a toda costa. Y ojalá no olvide nunca el botón de tu nariz ni la alegría de chapotear en la bañera como el más emocionante de los momentos, ni esas primeras caricias involuntarias investigando mi cara, ni la luz de tu alegría al oírme cantar la canción del barquito o tu cara de paz con el arrorró. Ni cuando cogiste los juguetes por primera vez o aprendiste a girar en la cuna y levantabas la cabeza torpemente esforzándote por crecer; y esas pedorretas simpáticas que te salen al intentar hablar, ni el calor de tu cuerpo cuando te duermes en mi regazo sin miedo. Por favor, que no me olvide nunca de tu cálido olor a nuevo y, tú, ojalá puedas recordar algo de esto cuando seas mayor y no te olvides de que te quiero. De que os quiero.

lunes, 30 de junio de 2014

Una de efectos secundarios con mellizos

Pues sí. Tengo muchas cosas buenas que contar, experiencias excepcionales e inimaginables, ideas que me rondan la cabeza cuando estoy con Chip y Chop, pero de vez en cuando además de cal, hay arena.

Hoy quiero hablaros de los "efectos secundarios" de tener mellizos. Que el cansancio es una constante, eso no hay ni qué decirlo, pero es cierto que se va llevando medio en condiciones. Para mí, lo peor son los achaques que van surgiendo sumados a algunos que quedaron del parto. Leo por ahí que hasta un año o año y pico después del parto no estás recolocada, así que no voy a perder la esperanza.

- Dolor de espalda: en todas sus acepciones, centímetros y formas.
  • Aún tengo un dolor residual de los pinchazos de la epidural que se notan sobre todo al agacharme o estar tumabada boca arriba. Siento como si tuviera un cardenal en las vértebras.
  • Contracturas: creo que todas. Cervicales, dorsales, lumbares... Toda mi espalda es una contractura en sí, lo que provoca que el poco descanso que tengo sea complicado e incómodo. Consejo: mucho ojo con la postura a la hora de dar el pecho, porque no le damos mucha importancia y al final pasa factura, y antes de lo que pensamos.
- Tendinitis en las muñecas: andar cogiendo y dejando a los peques me tiene las manos doloridas y las muñecas abiertas, y el dolor se está extendiendo al codo.
- Los huesos: no sé qué pasa, pero la cadera está hecha cisco, casi como en la recta final del embarazo, que no podía dormir tranquila de la presión que sentía en los huesos. Muchos me dicen que es porque están recolocándose... Será eso, no sé. 
- Caída del pelo: impresionante. De buenas a primeras empieza a caerse el pelo que me hace plantearme cuál es la media de cabellos en la cabeza de un humano, porque a estas alturas debería estar calva. Lo gracioso es que no sé la causa porque como bien, dieta equilibrada, etcétera, etcétera. 

Hace unos días fui al médico alertada por esta decadencia y su repsuesta fue "hija, qué quieres, son dos". Y me recetó hierro y a casita.

Así visto parece el final de mi existencia, pero más o menos se sobrelleva, sobre todo cuando en mitad de una toma, con el cuello retorcido, Chop girándose sola en el otro lado de la cama (¿cómo ha llegado allí?), y habiendo dormido apenas dos horas, te devuelven esas preciosas sonrisas y un aguuu que te hace olvidarte de todo.

jueves, 29 de mayo de 2014

De cómo lidiar con las clásicas preguntas cuando paseas con mellizos

Sin duda, nada nuevo para las multimadres. Cuando tienes múltiples hay una extraña fuerza externa que se acopla en tu cara o en tu cabeza y debe tener forma de cartel luminoso que rezará algo así como "pasen y vean", porque es imposible salir a la calle sin que te paren 4, 6 o 10 personas cada día a hacer observaciones sobre el carro, los mellizos, tu figura después del parto, etc.

¡Llevo meliizos, oiga! ¡Mellizos!
Hay días en los que estás de buen humor, te paras, sonríes con ellos, contestas educadamente a sus preguntas... pero hay días en los que no estás tan sociable, sobre todo si llevas taitantas noches sin dormir ni una hora seguida, sigues con la terrible tortícolis de hace tres días, tienes la espalda como si te hubiera arrollado un camión de 15 mil toneladas después de haber caído varias veces por unas escaleras, y alguno de los mellizos (o ambos) comienzan a llorar porque YA tienen hambre (entonces estás perdida del todo porque te miran FIJO). Comentando esto con mi querida amiga L en un momento de alto estrés social, me sugirió irónicamente que hiciera unos cientos de fichas con las "Preguntas frecuentes" sobre los mellizos y los fuera repartiendo durante el paseo.

viernes, 16 de mayo de 2014

¿Libre elección sanitaria?

Estoy más que indignada. Llevaba días queriendo hacer esta denuncia pública acerca del sistema de salud madrileño. 

Como muchos sabéis, Carlos nació con tortícolis congénita, algo muy frecuente en los partos múltiples, debido a una mala posición en el útero y con el agravante del uso de fórceps en el parto, lo que le produjo, además, un desgarro de fibras en el esternocleido derecho. Al principio estábamos muy asustados al ver al niño con el cuello torcido y que lloraba de impotencia al no poder moverse con soltura y cogerse al pecho con naturalidad. Pero, por suerte, es una dolencia que tiene fácil remedio: con estiramientos desde el principio y mucha constancia, el cuello se coloca en su sitio en unos meses y santas pascuas. El problema viene cuando estos ejercicios no se comienzan a tiempo, ya que podríamos acabar con el niño en el quirófano. Vale, "un pequeño cortecito y arreglado", me dicen, pero, ¿qué necesidad hay de meter al niño tan pequeño en un quirófano existiendo otras alternativas?


Pues eso, para todos
Me dieron cita para que le viera el médico rehabilitador ¡a finales de noviembre! es decir, cuando el niño tuviera 9 meses. De ahí, habría que esperar a que nos dieran cita con los fisios, con lo que la lista de espera nos llevaría hasta más del año. ¿Y todo un año con el niño con el cuello torcido? No es solo el cuello torcido, es que esta demora afectaría también a la visión o al oido al no tener centrado su eje. Lo grave de esta situación no es la lista de espera, que también lo es, sino el problema de la "supuesta" Libre Elección Sanitaria. En teoría, "La Comunidad de Madrid ha puesto a disposición de los ciudadanos la posibilidad de poder elegir médico de Familia, pediatra y profesional de Enfermería de Atención Primaria, así como hospital y médico Especialista en Atención Especializada". Y esto se cumple parcialmente.

El hospital que me corresponde por área es el Puerta de Hierro, pero se da la circunstancia de que no tienen servicio de rehabilitación infantil, por lo que la cita que tenía solicitada era en balde. De esto me enteré en una visita rutinaria y por casualidad, porque si no, me hubiera encontrado la papeleta en noviembre. Los únicos hospitales que cubrían esta especialidad son el Hospital de La Paz y el de Niño Jesús, me confirman. Pues muy bien, solicitemos la cita en La Paz y todo arreglado. Pues no. Resulta que esta especialidad no entra en el plan de Libre Elección Santaria y como ambos hospitales quedan fuera de mi área, no puedo solicitar la revisión del niño en un hospital público madrileño. ¡Toma del frasco, Carrasco! ¿Y esto no es discriminación? ¿Si viviéramos en el área de cualquiera de los dos hospitales mi hijo sí sería atendido, pero por vivir en otra área sanitaria no? ¿De qué va esto?

Lo único que me dicen desde el Centro de Citas de la CAM es que lo haga yo. Que lo único que pueden hacer es facilitarme el número de teléfono de los hospitales y que llame yo para intentar gestionar una cita. Me parece más que indignante que me respondan en semejantes términos, porque ¿quién soy yo a nivel particular, sino una madre que llama a la centralita de un hospital para explicar que "verá, mi hijo tiene tortícolis congénita y me dieron una cita y..."? Si existe un Centro de Citas que coordina estos asuntos, ¿por qué no lo resuelven ellos? ¿Por qué tengo yo que iniciar un proceso sola cuando existen herramientas que usan a diario para gestionar la salud de los madrileños? 

Obviamente tendré que llamar y explicar mi caso, no se me caen los anillos ni es lo que verdaderamente me importa pero, si no está disponible la especialidad por libre elección, ¿qué cambia que vaya yo a título personal? Yo sigo viviendo donde vivo, y las especialidades siguen siendo las que son, ¿no? Para ellos la solución sería esperar a que nada resulte, que sea tarde para la rehabilitación de mi hijo y tener que abrir un proceso de cirugía que, total, "un pequeño cortecito y arreglado". Pues esto es discriminación, y desde luego no es una Sanidad Pública ni de Todos ni para TODOS, porque mi hijo no es atendido de su dolencia, además tramitada como urgente por mi pediatra. 

En definitiva, solo me queda recurrir a la Sanidad Privada mientras consigo poner una reclamación a la CAM. Y eso es lo que me fastidia, porque es lo que buscan, que veamos lo mal que funciona todo y vayamos "huyendo" a los seguros privados y los paguemos de nuestro bolsillo. Los que puedan. Sigamos con el repago. Es que no hay derecho.

martes, 25 de febrero de 2014

Mi mejor aliada: la paciencia

¡Aquí estamos de nuevo! Tengo tantas cosas que contar que no sé ni por dónde continuar. Prometí que escribiría un post sobre la parte emocional del parto, pero para eso necesito algo más de cinco minutos y un poquito de tranquilidad, pero todo llegará. 

Apenas llevamos 15 días juntos y ya tengo un sinfín de experiencias que compartir. ¡Parece que hubiera pasado un año! Si sus aprendizajes son rápidos, el mío ni os cuento. 

(Nota: Chip y Chop  tienen un sexto sentido para detectar cuándo tengo cinco minutos libres y que uso para ir al baño, comer algo, ponerme al ordenador o simplemente descansar... y arrancan a llorar sin motivo aparente, aunque acaben de comer, estén recién cambiados y bañados... Notan, claramente, que no  estoy 100% pendiente de ellos). 

A lo que iba, quisiera hablaros de cómo llevo la lactancia, de qué tal el postparto, las noches, las ayudas, papeleos... Pero antes de todo eso quisiera hablaros de mi gran aliada: la paciencia. Paciencia para interpretar los llantos, para gestionar mis emocionales hormonas, para no desesperar ante la inexperiencia y la soledad con dos recién llegados, paciencia para entender los cambios que experimenta mi cuerpo, para organizarme sin perder un rumbo, paciencia para comprender a mi pareja, para no preocuparme en exceso por las visitas médicas, paciencia para saber que todo llega, que todo se soluciona, que los problemas son solo lo importantes que queramos hacerlos, paciencia para esperar dormir alguna noche del tirón, para sonreír aún no habiendo dormido en días, para no perder los nervios en un concierto de llantos al unísono...Porque perder la paciencia es perder la batalla, ahora debo ser fuerte para gestionar este gran cambio que aún no termino de comprender. 

Y la paciencia también es imprescindible para no agobiarse ante algunas cuestiones médicas del pequeño Chip. Carlos era el que estaba en cefálica y en primera línea de salida, lo que le ha llevado a estar 9 meses semi oblicuo; si a esto sumamos el uso de los fórceps en el parto, el resultado es una tortícolis congénita y una rotura de fibras del esternocleidomastoideo derecho, que le impide tener la cabecita del todo derecha. El pronóstico es bueno, nos dicen que el hematoma se reabsorberá solo, y con un poco de rehabilitación el cuello tomará su buen rumbo. Además, el pobre tiene un poquito de frenillo en la lengua que le hace algo difícil el agarre al pecho, aunque lo consigue la mayoría de las veces y, cuando falla, una pezonera está siendo la mejor de las soluciones. 

Es curioso cómo cambia el centro de atención en poco tiempo: hace apenas unos días hablaba de mí, del embarazo y de mis cosas, y ahora todo lo que pienso (casi todo) gira en torno a lo que estos duendecillos van desarrollando cada día, desde una pequeña cuestión médica hasta un simple reflejo de sonrisa que te hace derretirte casi al momento. Sí... Sin duda este es el principio del Gran Cambio, aunque aún no sea del todo consciente de ello.

jueves, 26 de diciembre de 2013

Algunos miedos que me asaltan

32 semanas. Tengo que admitir que empiezo a tener ciertas preocupaciones. Como sabéis, estoy teniendo mucha suerte en el desarrollo del embarazo y no he tenido ninguna complicación ni problema especial en estos meses. Lo único que podría destacar ahora es el dolor de huesos de la cadera y pelvis que, como muy bien me describía una compañera de las clases maternales, es lo más parecido a "haber estado montando a caballo durante horas monte a través". Salvo esto y algo de carga en la espalda, no tengo más que añadir, al menos a nivel físico. 

En el plano psicológico estoy relativamente tranquila, pero desde hace unos días me noto más obsesionada con la que se avecina y tengo que esforzarme más para relativizar y estar tranquila en diferentes aspectos:

El parto

Después de leer muchos artículos y preguntar opiniones casi todo parece indicar que me va a tocar cesárea. Leo que no siempre es así, que se puede tener un parto vaginal aunque sean mellizos, otros me dicen que es más segura la cesárea y que no es ninguna "aberración" este tipo de parto... Total, que estoy confusa y preocupada. Actualmente, Chip está colocada en transversal, muy acomodada ella a lo ancho, y Chop ya está en cefálica. Mi ginecóloga, que sí tiene experiencia en múltiples, me comenta que es muy improbable que haya algún cambio en las posiciones debido a la falta de espacio a estas alturas, aunque no hay nada 100% descartable. Si no hay modificaciones, quirófano seguro. Y me da miedo. Al principio me daba un poco igual porque entendía que todo sería por mi bien y el de los niños, pero ahora empiezo a tener dudas y a sentirme extraña de pensar en no poder tener un parto "normal"; es como una "decepción". Mi parte racional admite que no pasa nada, pero la emocional me da pellizquitos con este asunto. 

El prepapá y familia

Quedan pocas semanas para el Gran Cambio en la vida del Prepapá y la mía y, como digo, procuro meditar y planificar en la medida de lo posible para que luego no todo sea caos y destrucción. En este sentido, intento aprender y comprender los que serán nuestros nuevos roles, ser positiva y no generar preocupaciones. No pretendo ser superwoman, pero sí quiero transmitir una imagen de calma y control (que luego ya veremos, jeje), para que los demás sientan que todo va a ir bien. Seguramente me esté equivocando y que la realidad superará las expectativas, pero es algo que mi mente me pide a gritos: que mi entorno esté feliz y sereno, a pesar de las dificultades que se avecinan. Juntos podemos.

Mi barriga con Chip y Chop a las 31 semanas. Foto del Prepapá.

La recuperación y el cuerpo

Todo lleva su tiempo, y estar embarazada es lo que tiene: que te cambia el cuerpo por todas partes. Yo pensaba al principio que este punto no me preocuparía y asumiría la gordura, la celulitis y la cara hinchada tan naturalmente, pero llevo unas semanas algo más negativa de lo normal en este punto. Supongo que son percepciones, claro está, pero a veces se me "olvida" que estoy embarzada y lo que me siento es gorda como un rinoceronte. Mi entorno me dice que no tengo tanta barriga y que me ven muy bien (claro, qué me van a decir), pero eso es algo que se lleva por dentro. La duda es, ¿qué pasará después del parto? ¿Cómo será la recuperación? Sé que nunca seré la de antes, pero tengo ese puntito de miedo a quedar desbaratada del todo. Lo bueno, por decirlo de algún modo, es que no soy una persona naturalmente delgada, por lo que verme con kilos de más es una costumbre en mi vida y esto será menos traumático que para las mujeres más delgadas, a las que les cuesta más asumir algún kilito de más. 

Encontrar trabajo tras el parto

En estas semanas ya se hace muy complicado esto de buscar trabajo (y encontrarlo, claro), pero yo no quiero tirar la toalla con este asunto. Mi miedo es no poder reincorporarme a la vida laboral y encontrar puertas cerradas. Pero este es un tema pendiente que tengo para otro post, continuación de aquel que escribí sobre los derechos de las mujeres trabajadoras durante el embarazo.

¡Seguimos adelante!

sábado, 14 de diciembre de 2013

5 cosas que nunca pensé que me pasarían estando embarazada

Cuantas más semanas van pasando y echo la vista atrás, más me sorprendo de todo lo que estoy viviendo con el embarazo. Muchas cosas son simplemente minucias, pero hoy pensaba en ellas y me ha hecho gracia darme cuenta de estas 5 cosas que jamás pensé que me pasarían cuando me quedara embarazada.

1. Asco a beber agua

Al principio del embarazo leía compulsivamente síntomas y cosas que me pasarían: que si náuseas horribles, crecimiento y más crecimiento del pecho (¡yo ya me imaginaba de un día para otro como Yola!), agudización del olfato, asco a según qué comidas o hambre voraz, sueño irremediable... Y yo nada. Al menos nada significativo. El pecho crece sí, pero no descomunalmente; ¿sueño? ¡Ja! ¡Ojalá!; ¿hambre? Nada. Náuseas... sí, pero hasta que descubrí que me las provocaban las vitaminas dichosas tipo Ginenatal, Gestagyn, etc. Pero sí había algo que me llamaba la atención: no me entraba el agua. Imposible beberme los 2 litros de rigor. Me ayudé poniéndole un poquito de limón y bebiendo a sorbitos, o variando el tipo de líquido porque no había manera. Sin embargo, desde hace dos o tres semanas me bebo hasta el agua de los floreros. ¡Qué sed!

2. Pelitos en la tripa

Algo impensable para mí. ¿Pelos? ¡¿En la tripa!? Pues sí. Bueno, no es que sean pelos negros y recios, pero sí una pelusilla inquietante alrededor del ombligo que me ha dejado perpleja. Yo tengo poco vello en general, y rubio, por lo que verme pelitos que salen por aquí y por allá es, cuanto menos, desconcertante. Según me comenta la ginecóloga es debido a las hormonas (ya estamos, las hormonas, siempre las hormonas para todo), y después del embarazo se caen. Lo veremos.

3. ¡Roncar como un león!

El mito se ha roto. La que ronca ahora soy yo.
En general tengo mal dormir y ahora con el embarazo peor porque me hago pis a cada momento, o me duelen los huesos y tengo que moverme más que los precios. La cosa es que yo nunca he roncado (o al menos eso dicen), y yo me sentía como una linda princesita en el mundo de los sueños cada noche, aunque sea a ratos, hasta que el otro día me despierto pero por las risas del prepapá. ¿Qué pasa aquí? ¿A qué vienen esas risas? ¡Son las 4 am! ¿Qué puede ser tan gracioso a estas horas? Mis ronquidos. Según el prepapá me he convertido en una bestia feroz por las noches que amenaza terriblemente a cualquier intruso, una guardiana implacable de sueños. El crecimiento del útero que comprime todo para arriba o para donde quepa, y el aumento de las mucosas tienen la culpa. 

4. Que estaría tan tranquila

Momentos de felicidad
Ya lo he comentado en casi todos los posts, pero es que es verdad. Yo me imaginaba en una super nube y rodeada de mil flores de colores, como Heidi, con una alegría exultante y excitante, preparando todo como en las películas. Y no es así. Estoy feliz, pero voy tomando consciencia de lo que se avecina poco a poco, con mucha paz y mucha calma. Ya sabéis, cada cosa en su momento. He ido consiguiendo las cositas que he creído importantes poco a poco, comparando precios, consultando opiniones, y la mayoría gracias a la ayuda de los amigos que ya tienen hijos. Muchas, cosas que ni imaginaba que se podrían necesitar. Pero de este asunto hablaré en otro post, de todo el consumismo que se mueve en torno a los niños. 

5. ¡Que me dirían que eran dos!

No podía faltar este punto. Hablas con tu pareja, comenzáis a pensar en la vida de otra manera y, un día, decidís poneros manos a la obra, a buscar UN bebé. Hacéis cuentas, planificas más o menos tu espacio, y una mañana de sábado te encuentras la noticia del test. Repites a los pocos días para confirmar. Que sí, que estás embarazada. ¿Y ahora qué? Pues nada, al médico unas semanas después: de momento hay saco embrionario. Una mañana te levantas manchando y vas a urgencias sola porque el prepapá está en el trabajo y no quieres preocupar a nadie, esperando la mala noticia que sabes que es muy posible que se produzca. Te hacen una eco. Miras de reojo el monitor y adivinas dos bultos negros con unas alubias blancas dentro. Destierras cualquier pensamiento sospechoso al respecto. Es la primera eco que ves, al fin y al cabo, y... El médico te suelta un "tranquila, está todo en orden. Escucha el latido del primero..." ¡¿Primero?! ¡¿Qué primero!? "Y aquí tienes el latido del segundo... Estás embarazada de mellizos". ¡Un momento! ¿¡Qué segundo!? ¡¿De qué me está hablando usted tan temprano!? Shock, risa compulsiva, incredulidad... Y ahora vas y lo cascas a la familia, así a pelo. Pero de esto también hablaré en otro post, de las increíbles reacciones de mi entorno al conocer la noticia.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Embarazada de emociones

Que durante el embarazo las mujeres sufrimos un vaivén continuo de emociones no es nada nuevo. Pero, sinceramente, de momento (y son ya 30 semanas) no me siento identificada con la mayoría de las opiniones y comentarios que leo o que recibo sobre este asunto.

No sé si tendré las hormonas bien ataditas y controladas, o que mi "karma" está muy en su sitio, pero ni siento esa euforia que algunas dicen sentir y que las películas se empeñan en hacernos creer que son parte de la vida normal, ni tengo ansiedad, ni desasosiego, ni nada por el estilo que se salga de mis parámetros de antes del embarazo. Desde que me enteré de la buena nueva me siento tranquila y en paz, y así deseo seguir. No puedo negar que a veces tengo bajones y algunos miedos, pero son esporádicos (o yo los siento así) y vienen más producidos por cuestiones prácticas y económicas que por el embarazo en sí.

Espinete y Don Pimpón
Leo algunos artículos sobre emociones y embarazo, sobre psicología durante la gestación y el postparto, la vuelta a casa y lo que te cambia la vida, cómo cambian los roles de la mujer (sigues siendo hija, hermana, amiga, pareja... pero ahora, además, eres madre. Y deberás ser también psicóloga y muchos esperarán a una superwoman). Y he de reconocer que me siento incapaz de asumir tanta información sencillamente porque no la identifico y no la asumo. ¡Aún me cuesta creer que llevo dos personitas en mi barriga! Siento sus movimientos a diario, me veo cada vez más parecida a Don Pimpón (pero sin tirantes ni gorro de paja), me cuesta dormir... pero en lo más profundo de mí no soy capaz de asimilar o entender qué pasa. Algunas amigas me preguntan qué siento sabiendo que estoy creando dos vidas y no voy a ser hipócrita. Todo el mundo espera que digas ¡cuánta felicidad! ¡Qué alegría! ¡Sí, mucha ilusión! ¡Qué nervios! Y no es del todo así... de momento. ¿Que estoy contenta? Pues claro. ¿Que es una maravilla el misterio de la vida? Evidentemente. ¿Que es emocionante verles en las ecografías y escuchar sus corazones? Sin duda. Pero no es ese sentimiento de caminar sobre un arcoiris derrochando purpurina por tus poros. Suelo poner un ejemplo para definir mis sensaciones: es como cuando te dicen algo así como "el universo está compuesto por millones de millones de galaxias que a su vez están formadas por cien mil trillones de estrellas", o "tal estrella está a 23 mil años luz de la tierra...". Tu mente recoge el concepto y entiende que es un dato equivalente a "muchísimo", pero es imposible comprender al 100% la magnitud de lo que te están explicando. No puedes asimilarlo, te desborda, te supera. Pues así me siento yo. 

Ahora mismo me siento perfectamente preparada para tirar del carro, con la que se avecina. A lo mejor es un espejismo que mi mente está construyendo y que luego chocará con la realidad, igual son expectativas que luego se desmoronarán como un castillo de naipes... Sinceramente, no lo sé. Sólo sé que me encuentro en paz para afrontar esta nueva etapa de mi vida y que presumo que será maravillosa.

jueves, 28 de noviembre de 2013

Estoy embarazada, no enferma. Trabajo y embarazo (I)



Pues eso mismo, estar embarazada, si todo transcurre con normalidad, no es impedimento para que puedas continuar con tu trabajo (salvo que sea de riesgo, claro está). ¿Y por qué digo esto? Pues porque mi experiencia laboral tras comunicar el embarazo ha sido pésima. Evitaré entrar en detalles porque sería demasiado engorroso pero, por resumiros un poco la historia, tras tres años de servicio en una empresa pequeña, con una mujer por jefa y después de recibir apoyo y ánimos para mi maternidad, la empresa decidió avisarme un día antes de mi reincorporación de las vacaciones de que no lo hiciera “porque no estamos en condiciones de asumir tu embarazo”. Así de tajante, duro, inmoral y desleal, máxime teniendo en cuenta los contratos temporales encadenados que venía sufriendo y que justo me tocaba uno indefinido en esa vuelta al trabajo tras el verano. ¿Casualidad? Yo diría que no… Todo estudiado y premeditado para que, además, no pudiera  reclamar nada a la empresa. Y encima me dejaban con solo dos meses de paro. 

Cuento todo esto porque es necesario que las mujeres embarazadas no nos dejemos comer el terreno por los empresarios, que sigamos luchando por la igualdad de oportunidades, y que no nos vengan a decir que económicamente somos una carga, que si las bajas, y excusas varias. Psicológicamente me vi muy afectada por este hecho, ya que me siento útil y dispuesta, y porque el embarazo no es una enfermedad, sino una bella circunstancia en tu vida. En su momento, y aún a veces, siento rabia e impotencia de no poder seguir una vida “normal” por el simple hecho de estar embarazada, de haber continuado mi rutina y mi actividad. Vale que tengo muchas opciones de ocio, de cuidarme y de todo lo que se quiera para ocupar la mente, pero el trabajo me ayudaba a estar más activa, en sociedad, sin contar, por supuesto, la importancia y necesidad de los ingresos que reportaba. De esta forma te imponen una losa: embarazada = casa= niños= mocos= comida= compra= limpieza. Eso ya lo hacemos de por sí a diario, no necesito que nadie me lo imponga y menos desde fuera. 

En su momento me hubiera venido muy bien conocer algunos detalles de mis derechos, y por si a alguien le interesa o se encuentra en una situación similar, os recomiendo que leáis estas Preguntas y respuestas del Instituto de la Mujer, en donde se detallan nuestros derechos de embarazo, maternidad y paternidad. Conociendo los derechos y plazos, hubiera podido luchar por mi futuro de una forma más cómoda y, sobre todo, no permitir que abusaran de mi confianza y buena fe.

Personalmente, creo importante destacar esta parte en la que habla de la discriminación por motivo de embarazo y la vulneración de derechos fundamentales:

Si una trabajadora tiene un contrato temporal que finaliza antes de dar a luz, y no se lo renuevan por estar embarazada, ¿qué puede hacer?
Se puede considerar que se ha producido un despido discriminatorio por razón de la maternidad si no se renueva a la finalización del mismo, por causa relacionada con el embarazo, y en consecuencia sería un despido nulo, por tanto la trabajadora tiene derecho a recuperar su puesto de trabajo y al abono de los salarios dejados de percibir durante la tramitación del proceso judicial.
Para lograrlo tendrá que demandar a la empresa por “vulneración de derechos fundamentales”, en el Juzgado de lo Social, antes de que transcurran veinte días desde que la empresa notifique la extinción de la relación laboral.
Es aconsejable buscar la ayuda de una abogada o un abogado laboralista en cuanto reciba la notificación y suscribir en la misma la fecha y RECIBIDO NO CONFORME.
 En otro post hablaré de la búsqueda de trabajo estando embarazada y algunas reacciones al verte entrar en la entrevista con una barriga redondita y simpática.



viernes, 22 de noviembre de 2013

Una norma de oro durante el embarazo

Te enteras de que estás embarazada. ¡Sorpresa! Y de pronto todo cambia, tienes dudas, miedos, risas, llantos, preocupaciones, y comienzas a pensar en el futuro. De todo esto diría que es un error, pero es algo tan profundo y emocional que no se puede controlar. Pero una vez que asumes la realidad y que confirmas al 100% que eres premamá, te invade una extraña fuerza llamada curiosidad que te hacen consultar Google -casi obsesivamente- a cada rato. Un auténtico asalto a la red buscando información sobre "primeros síntomas de embarazo", "estoy embarazada, ¿ahora qué?", "cuántos kilos cogerás en el embarazo", "alimentos prohibidos en el embarazo", "cómo prevenir las temidas estrías", "cuándo se empieza a notar el embarazo", y un larguísimo etcétera de dudas y preguntas sin control que campan por tu mente a sus anchas. Y aquí llega la segunda noticia... "¡son dos!" :O Y el pánico se apodera de ti.

Todo este proceso es lógico y normal, pero desde aquí, desde mi experiencia diré, alto y claro:

"Mantén la calma. Y, sobre todo y ante todo, NO CONSULTES FOROS"

Ante toda la avalancha de preguntas, mi consejo es que preguntes directamente a tu matrona o ginecólog@, porque son los que mejor podrán asesorarte en este proceso. Sé que esperar a la próxima revisión para resolver esas dudas se hace largo e impaciente, pero es que ahí está la clave para vivir el embarazo con la mayor plenitud posible: estar tranquila, y en paz, dejar que todo se desarrolle como debe. Si hay algún problema extraño ya lo notarás y tendrás que ir a urgencias (esperemos que no), pero mi consejo es que te tomes el embarazo con total normalidad y mucho sentido común. ¿Y por qué digo lo de los foros? Porque en los foros encontrarás un volumen de información desbordante que es imposible clasificar desde el desconocimiento, y nunca podrás decidir qué respuesta es la que mejor va contigo. Cada uno de nosotros somos únicos, por lo que imagina, además, un embarazo. Cada cuerpo se desarrolla de forma diferente, tiene tolerancias diferentes, síntomas diferentes y tus emociones son completamente diferentes a las de otras personas.

Es cierto que en internet encontraremos páginas muy completas y profesionales que nos pueden orientar ante nuestras inquietudes, pero nunca des por hecho que todo lo que lees en la red es bueno ni aplicable a tu situación. Lo único que conseguirás es estar más confusa y preocupada. 

El embarazo es un proceso, no un "de hoy para mañana". Yo recuerdo que leía, por ejemplo: 
Primeros síntomas del embarazo:
- Letargo o sueño casi todo el día
- Náuseas
- Rechazo a determinados sabores
- Aumento de la sensibilidad olfativa
- Oscurecimiento de la areola
Y yo no notaba ninguno de estos síntomas. Me miraba el pecho a diario y eso estaba como siempre. Y no vomitaba (bueno sí, pero por las vitaminas que me dio el médico, no por el embarazo en sí, y yo venga a seguir "consejos para evitar las náuseas" que no servían para nada). Y no tenía sueño, y...

Con calma y tiempo descubres ese bonito proceso de adaptación de tu cuerpo, y entiendes que ni todo es inmediato, ni todo lo que lees es cierto. Utiliza la información como curiosidad, pero no te dejes llevar por cada cosa que lees o acabrás como un cencerro.

martes, 19 de noviembre de 2013

El embarazo de todos

Sí, un embarazo múltiple es de todos. Traer al mundo a más de una criatura a la vez se convierte en un fenómeno para todos, y para ti la primera, que eres quien más esfuerzo tiene que hacer por asumir lo que pasa en tu interior. Padres, hermanos, amigos... todos exclaman con sorpresa al conocer la noticia y, desde ese momento, comenzará una rueda interminable de comentarios de todo tipo acerca de la nueva situación. Somos Múltiples, uno de los blog de referencia en el tema de múltiples, tiene un post muy acertado sobre este tema, en el que divide por categorías diferentes situaciones que se irán produciendo en tu etapa de embarazo.

A mí, personalmente, me pueden más los de tipo 4 que ella llama "Los agoreros". Te pasas el día ensayando sonrisas corteses, comentarios positivos de respuesta, todo por no soltar dos o tres improperios y largarte de la escena con malos humos y quedando como una maleducada. Aquí influye el nivel de sensibilidad y emoción que tengamos cada una; en mi caso estoy asombrosamente tranquila durante todo el embarazo, no me alteró la noticia del embarazo, voy asumiendo las circunstancias, me documento gracias a las experiencias de otras madres múltiples, procuro prepararme para lo que viene y ser consciente - en la medida de lo posible, claro- de lo que nos espera al prepapá y a mí cuando salgamos de casa dos y volvamos cuatro. Y quiero mantener esta calma y paz interior. Lo que tengo claro, creo, es que "los agoreros" no tienen mala intención. Hay algunos muy directos que se dedican a decirte toooodo lo malo que trae un embarazo "único" y aprovechan para recalcar que tú lo vivirás por dos: que si menuda barriga se te pondrá, prepárate para las estrías, te dolerá la espalda, no podrás dormir, seguro que se adelantan, serán bebés pequeños, como será cesárea (ya lo dan por hecho) no podrás dar el pecho porque además será un caos en casa cuando llore uno y luego el otro y uno se haga caca y luego el otro, y no podrás tener vida social ni ver la luz del sol nunca más porque tu identidad acaba aquí y.... Uffffff... Y hay otra clase de "agoreros" que se sirven de continuos chistes, bromas y chascarrillos para soltarte lo mismo pero riendo y creyendo que así son más efectivos dándote el mensaje y han sido simpáticos y utilizado la psicología. Pues no. 

Veamos, ya sé que tener un hijo te cambia la vida (¡no digamos dos a la vez!), pero eso no significa que no pueda INTENTAR querer organizarme, esperar el momento, aprender de las necesidades que tengan Chip y Chop, conocerles, establecer unas pautas familiares entre los cuatro, rodar como una nueva familia... Y lo que más necesito en estos momentos son mensajes de apoyo, consejos útiles, comentarios optimistas y sensación de que vamos a ser ayudados. Yo soy defensora al 100% de vivir el presente y tengo más que claro que adelantarse a los acontecimientos no sirve de nada, sino solo para angustiarse y crear falsas expectativas sobre lo que será en realidad. ¿Qué ganamos mientras con esa sensación de ahogo, miedo y desasosiego? Absolutamente nada. No puedo predecir cuántos cólicos tendrán Chip y Chop, o si se cogerán al pecho o no, no puedo predecir si llegarán el mes que viene o a término, si pelearán o serán dormilones... Puedo hacer elucubraciones, aprender los "porsis", pero en ningún caso dar por hecho qué va a pasar. 

Quiero seguir viviendo el embarazo en calma, dejando fluir mis emociones y compartirlas con el prepapá, que aunque no opine por aquí, también necesita su espacio y su proceso de preparación. Aunque de esto yaos hablaré más adelante.